El exterior emmarcado. Ventanas panorámicas.

Dejar entrar la luz y el aire ha sido siempre la principal función de las ventanas. Pero no siempre ni en todas partes se han construido ventanas con vistas. Las amplias vistas ya se consideraban un lujo reservado a las villas, representativas en la Antigua Roma.

El filósofo Séneca se mofava de que en la época de la República Romana los baños hubieran tenido pequeñas aperturas mientras que en su época un baño sin grandes ventanas y amplias vistas era considerado un escondrijo de cucarachas. Ya antes, Plinio el Joven, había recomendado ventanas con vistas y pinturas de paisajes como elementos sustancialmente imprescindibles de una vida noble en la villa.

Aun así en el siglo I, el poeta Estacio, glorificaba el gabinete de curiosidades y las vistas desde las ventanas como la cúspide de su retrato literario de una villa de Sorrento.

Precisamente este vínculo entre las vistas y el disfrute trajo en la Edad Media a un rechazo generalizado de las vistas y de las ventanas con vistas. En la Antigüedad Tardía del Cristianismo, la renuncia total de los eremitas a tener ventanas en sus celdas fue considerada símbolo de especial piedad y ascetismo. La contemplación placiente de la belleza de la naturaleza fue reprobada como pecaminosa porque distraía de la contemplación y la reflexión. La vanitosa vista «jacta vista» dañaba el espíritu de los creyentes.

En el siglo XV, el humanista y arquitecto Leon Battista Alberti exigía a los maestros de obra una buena vista como característica distintiva de los palacios y villas señoriales. Él también da por sentado que airear e iluminar son las funciones realmente necesarias de las ventanas. Pero elogia expresamente las vistas enmarcadas arquitectónicamente como garantía del disfrute y el placer que estas tendrían que ofrecer en palacios y villas señoriales, más allá de sus funciones directas.

Alberti dio la vuelta a la comparación hecha en la Antigüedad de las ver través de una ventana como una pintura. La «ventana como cuadro» de la Antigüedad pasaba a ser el «cuadro como ventana». Alberti describe el nuevo cuadro como una aparente vista a través de una imparcial y rectangular ventana.

Incluso, la denominación de Windows para el sistema informático de Bill Gates, ha sido interpretada como alusión a la «ventana aperta» de Alberti en el libro de Anne Frieberg, The Virtual Window, from Alberti tono Microsoft.

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